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Página 2 de 2 Catalina de Aragón, también hija de los Reyes Católicos, cuando fue a Inglaterra para contraer matrimonio con el príncipe Arturo, llevó gran cantidad de encajes negros "a la manera de España". Carmen Baroja de Caro dice: "Cuando esta reina fue recluida en el Castillo de Ampthill por su segundo marido, Enrique VIII, se pasaba los días haciendo encaje, que en parte envió a su madre, encontrándose a la muerte de esta reina en su guardarropa dieciséis anas de encaje negro de España" . En el siglo XVI los encajes más abundantes fueron elaborados a la aguja. En la primera mitad del siglo XVII se trabajaron más los bolillos, teniendo estos últimos usos más generales. De los primeros tuvimos importantes focos en Salamanca y Valladolid. Muy abundantes fueron en Castilla y León durante estos siglos los encajes metálicos de oro, plata y sedas polícromas realizados con bolillos. Tenían generalmente dibujos geométricos, utilizando diferentes tipos de hebras en su elaboración. La técnica consistía en introducir entre el tejido, laminillas y torzales metálicos para realzar los relieves y dar mayor impresión de riqueza. También proliferaron los trabajos de macramé, consistentes en nudos, así como muchísimos encajes de bolillos peculiares en la zona de Segovia. Los puntos de oro y plata encontraban muchas aplicaciones como ornamentos civiles o eclesiásticos. Entre las piezas más antiguas aparece documentado el pendón de la Inquisición de Valladolid, que estaba adornado de un hermoso Punto de España de un geométrico y gótico dibujo. En 1611 Covarrubias incluye la palabra 'Randa' en su Tesoro de la Lengua Castellana, para referirse a los adornos en la ropa hechos con aguja, bolillos o a telar (pasamanos). De esa época conocemos también un dato por tradición, que nos relata que Santa Teresa de Jesús realizaba encajes. En el Convento de Carmelitas Descalzas de Toledo se conserva el dibujo de un corporal de Frisado de Valladolid que realizó la Santa Madre. Nos comentan las religiosas que, aunque los corporales se perdieron durante la guerra civil española, conservan el dibujo junto a otros dos corporales elaborados por otras dos hermanas en la misma época. En el siglo XVII se abusó del lujo y los encajes. Felipe II por este motivo dictó una pragmática restringiendo el uso de los encajes. Felipe III continuó con la misma política y en 1623 ordenó que los hombres utilizaran sencillos alzacuellos y que las damas usaran gorgueras y vueltas de puño sencillo sin adobo. A finales del siglo XVII los encajes con características netamente castellanas decayeron adoptando influencias del exterior, realizándose en los siglos XVIII y XIX encajes impuestos por otros países o regiones. Además de los mencionados encajes eruditos, son dignos de mención los encajes populares que han prevalecido hasta bien entrado el siglo XX, compitiendo de forma muy audaz con los mecánicos. Se trata por lo general de derivados de los geométricos que engloban los géneros torchón y guipur. También se ejecutaron encajes numéricos realizados habitualmente con doce bolillos, más un par que tejía, y un cordoncillo introducido en el centro. El material preferido fue el lino.
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